home
temas · editorial   
temas bibliografía agenda archivo antología calendario enlaces perfil

De política y filosofía


english  
deutsch  

1

  Aunque en estos días haya habido personas que comenzaran observando, con inocultable alegría por el mal ajeno, el desastre electoral en los Estados Unidos, esta diversión dudosa se convirtió rápidamente en una preocupación por el daño a la democracia misma, que, durante semanas, se manifestaba en una lucha sin precedentes. Tampoco la retórica sobre un consenso nacional, después de la batalla por fin decidida, atenuaba esta consternación, quizás más bien al revés.

»El consenso democrático: antes de poder disputar sobre su adecuación se plantea aparentemente la cuestión de lo que comprenda una significación básica de él.«

2

  Muy al contrario, la persistencia en la toma consensual de decisiones, aplicada en la Unión Europea en la mayoría de los casos, se fustigó como obstáculo para el progreso democrático. De la reciente conferencia en Niza se había esperado más ánimo para decisiones mayoritarias; sin embargo, la situación estuvo también aquí caracterizado por obstinación nacional y una mentalidad intrincada de mercachifles.

3

  Volvamos al consenso democrático: antes de poder disputar sobre su adecuación se plantea aparentemente la cuestión de lo que comprenda una significación básica de él. Las respuestas a esta pregunta seguramente serán muy diversas, igualmente aquellas a las cuestiones de su aplicabilidad, de sus exigencias y objetivos, de sus procedimientos y su alcance, de las experiencias y perfeccionamientos.

4

  Los dos ejemplos arriba parecen mostrar más bien lo que probablemente no se entenderá por él: un mero acuerdo entre las cabezas de partidos o estados. Tal consenso siempre está en el peligro de la exclusión de otras voces. Regresemos al continente americano para ilustrarlo: en Colombia, durante toda una generación, había algo semejante a tal acuerdo entre los líderes liberales y conservadoras del país, excluyendo así, en gran medida, los demás grupos sociales de la acción política – con consecuencias fatales para las posibilidades en el debate político. Ironía cínica de la historia que hasta las mafias en sus cúpulas operan utilizando mucho el consenso.

»El consenso requiere unos supuestos claros. Tiene que ser claro lo que supone, lo que es el punto de partida, dónde comienza, a quiénes abarca, cómo se llega al consenso, quiénes lo controlan, dónde termina.«

5

  El consenso requiere entonces unos supuestos claros. Tiene que ser claro lo que supone, lo que es el punto de partida, dónde comienza, a quiénes abarca, cómo se llega al consenso, quiénes lo controlan, dónde termina. Todo esto son igualmente cuestiones para la filosofía. También el concepto del consenso requiere supuestos claros.

6

  Partiendo de las propuestas del filósofo ghanés Kwasi Wiredu para una forma de democracia basada en el consenso, se discuten algunas de estas cuestiones en este número de polylog, con respecto particular a los desafíos de un contexto intercultural. También las opiniones aquí pronunciadas varían mucho.

7

  Aun cuando no se piensa en conflictos culturales tan extremos como los que nos espantan últimamente – la caza asesina a blancos, incitada por el presidente de Zimbabwe Robert Mugabe, por ejemplo, o el terror tremendo del régimen fundamentalista de los talibán en Afganistán, que tiene igual de poco que ver con el espíritu del Corán que con humanidad y justicia, – aun así, la preocupación por el consenso como un principio democrático constituye una tarea difícil – pero igualmente necesaria. Tanto en la política como en la filosofía.

Bertold Bernreuter



temas bibliografía agenda archivo antología calendario enlaces perfil

inicio  |  búsqueda  |  mapa de sitio  |  boletín  |  interphil  |  pie de imprenta  |  donativos