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Miguel Gamboa

"Agonismo" y deliberación

Consideraciones sobre el artículo de Chantal Mouffe Wittgenstein, Political Theory and Democracy

 
English
Summary

If pluralism wants to be more than the verification of human diversity and enter the field of actions relating to multiple actors, as is the case of politics, the issue of communication and its constitutive ways of orientation needs to be raised. Chantal Mouffe's agenda of reading (and using) Wittgenstein against Habermasian communicative reason and in favour of intercultural reason is problematic. Mouffe's concept of agonistic democracy supposes a minimal democratic consensus from which disagreement is prosecuted. Here the adversaries may know well why they are confronting. The shaping of political actors and the constitution of the political corresponds to a process of consensus and dissents of diverse intensity which are permanently interrelated. Neither the conflict (as explained by Mouffe) nor the consensus can be favored beforehand as if each were an independent entity. Mouffe's approach in her article on Wittgenstein and agonistic democracy aims at a moment of the social which needs to be reintroduced in the process.


Contenido

La hegemonía real y las propuestas deliberativas
Pluralismo, agonismo y delimitación del conflicto
¿Qué racionalidad critica Mouffe?
Actores sociales en un momento prepolítico
Universalismo antihegemónico
Dos lecturas de Wittgenstein
La crítica del consenso
Consenso y conflicto: ¿punto de llegada o de partida?
Perspectivas diferentes pero convergentes
Lo universal en la actividad de argumentar


Chantal Mouffe: "Wittgenstein, Political Theory and Democracy".
En: polylog 2 (2000).
Artículo

1

  Chantal Mouffe construye su propuesta de "democracia agonística" partiendo de lo social y considerando lo político de una manera muy tangencial como veremos más adelante. Concretamente ella parte del carácter cada vez más plural de las sociedades contemporáneas. Esto ha producido una serie de desafíos que la teoría política no ha podido responder. Mientras tanto, la reacción populista encuentra el camino libre para avanzar. La tesis central de Mouffe dice que la respuesta al populismo exige descartar las fundamentaciones racionalistas de la democracia y el uso de categoría universales como las que subyacen en el concepto de ciudadanía.



 La hegemonía real y las propuestas deliberativas

 

2

  La autora no consideró necesario incluir en su horizonte de análisis los paradigmas dominantes en la política real, por ejemplo, la teoría y la práctica del neoliberalismo. En consecuencia tampoco abordar las relaciones entre neoliberalismo y populismo, relaciones que constituyen buena parte del contexto en el cual se habla hoy en día de democracia. En cambio, considera imprescindible refutar los enfoques de democracia deliberativa, como los de Rawls pero particularmente los de Habermas. Dado que entre el enfoque liberal "agregativo" (como el de Dows) y el pluralismo, se pueden hacer paralelos teniendo en cuenta su alegamiento de conceptos universales, será de gran utilidad conocer en sustentaciones posteriores, las diferencias entre los enfoques agonista y agregativo.



 Pluralismo, agonismo y delimitación del conflicto

»Puedo considerar el mundo como un sistema fundamental, y detro de ese mundo como sistema fundamental puedo encontrar sistemas particulares, es decir, mundos especiales. 'Un sistema, por así decirlo, es un mundo'.«

Ludwig Wittgenstein
(Philosophsiche Bemerkungen 152)

3

  Entendiendo la democracia como una forma de vida, y no como el desarrollo de una regla racional, Mouffe acepta la posibilidad de vivir la democracia de distintas maneras y no sólo como democracia liberal. Al reconocer también distintas expresiones de lo justo, la democracia liberal sería una respuesta contingente junto a otras también válidas. Por otra parte, en lugar del consenso, al cual estarían fijados el racionalismo y los enfoques deliberativos, habría que conceder al conflicto una importancia central. El conflicto, sin embargo, no como antagonismo sino como "agonismo", es decir como enfrentamiento entre adversarios pero no entre enemigos. La democracia agonística tomaría en cuenta no solo el pluralismo sino también el carácter irreductible de las contradicciones (y la adhesión no racional a la democracia). Mouffe considera que los enfoques de Wittgenstein ayudan a elaborar la nueva teoría política.

4

  El mérito indudable del artículo es confrontar la democracia con el problema de la multiculturalidad y el pluralismo y poner sobre el tapete la necesidad de "descentrar" la democracia, es de decir, desligarla de una definición que parta del supuesto de una sociedad y una ciudadanía homogéneas. Pensar lo político desde el conflicto, es también una perspectiva prometedora.



 ¿Qué racionalidad critica Mouffe?

 

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  Creo, sin embargo, que Chantal Mouffe, desarrolla una crítica conceptual teniendo en mente más las categorías de la filosofía de la consciencia y la normatividad que de ella se deriva, que las categorías propias del enfoque de la razón comunicativa y la democracia deliberativa. En este sentido, ella que ha "empujado" a Habermas hacia una posición esencialista susceptible de crítica, desconoce al Habermas más cercano, antiesencialista, con el cual el enfoque de la democracia agonística tendría varios puntos en común, o por el contrario, necesitaría con más precisión deslindar campos.

6

  Por otro lado, llama la atención que cuando ella construye su planteamiento de democracia agonística incluye categorías como democracia, justicia y responsabilidad que adquieren un carácter universal, no por una pretendida seguridad ontológica sino como constitutivas de la comunicación y la orientación dentro de comunidades que comparten la misma forma de vida.



 Actores sociales en un momento prepolítico


Chantal Mouffe

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  Respecto al pluralismo, Mouffe, presenta dos niveles aparentemente sin conexión. Hay una primera referencia a un pluralismo que surgiría al interior de una misma forma de vida. Tal es el caso de las sociedades democráticas donde la democracia se puede interpretar de distintas maneras. Una segunda referencia toma en cuenta distintas formas de vida (en una escala internacional). En este caso es "lo justo" lo que se puede interpretar también de distintas maneras. Pero este es un pluralismo que está asentado en identidades dadas y no en identidades en construcción, cambio, disolución y reconstrucción, donde el factor de las influencias mutuas es muy importante. En otras palabras: se trata de un pluralismo encajado dentro de una visión multicultural pero no intercultural. En un pluralismo de entidades no solo diferentes sino separadas y desconectadas. Los portadores de una identidad así, no tienen que comunicarse con los portadores de otra, ni realizar nada en común. Se encuentra por así decirlo en un estado prepolítico ya que no necesitan decisiones vinculantes. Vistas así las cosas es lógico que pierda sentido no solamente una racionalidad esencialista sino también una racionalidad comunicativa.

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  Hay una especie de simetría en el tratamiento del pluralismo y el del contexto. Cuando Mouffe somete el concepto de democracia a la antinomia de universalismo y contextualismo, que ella resuelve a favor del contextualismo, parte del supuesto de que cada forma de vida tiene solo un contexto y no hay contextos comunes.



 Universalismo antihegemónico

 

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  Frente al supuesto de una sociedad y una ciudadanía homogéneas Mouffe presenta una diversidad donde el elemento determinante es la cultura. De ahí el pluralismo como solución. Pero falta incluir la diferenciación que surge, aún dentro de una misma forma de vida, por la vía del sistema económico. Esta diferenciación que incluye exclusión social, se ha tornado más aguda desde que el sistema del Estado de bienestar comenzó a ser abandonado por las fuerzas hegemónicas. Los excluidos y los amenazados de exclusión no pueden defenderse pidiendo reconocimiento de su "alteridad" sino poniendo en primer lugar un concepto de lo humano y demostrando lo inhumano de la reorganización económica en boga.

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  En este caso habría que ver que la posibilidad de problematizar la política hegemónica, es decir, de articular el conflicto pasa por el uso de una reivindicación que toma la característica de una categoría universal que no deja de serlo por el hecho de aparecer solo en contextos determinados o por haber sido planteada desde hace miles de años utilizando otras estrategias cognitivas y otras orientaciones normativas que se pueden considerar superadas.



 Dos lecturas de Wittgenstein

»Y debemos atenernos a las reglas una vez que han sido establecidas. 'Sí ¿pero no es una relga algo arbitrario? ┐Algo que yo establezco? ┐Y podría establecer que la multiplicación 18 x 15 no diera 270? ¿Por qué no? Pero entonces no se la ha considerado según las reglas que yo había establecido al principio y cuyo uso había ejercitado.'«

Ludwig Wittgenstein
(Bemerkungen über die Grundlagen der Mathematik V-31)

11

  El uso de conceptos de Wittgenstein para criticar a Habermas debe incluir la crítica de la lectura que hace Habermas de Wittgenstein. No hay que olvidar que el planteamiento habermasiano está construido en gran parte a partir de las ideas de Wittgenstein. Concretamente, Habermas se apoya de manera explícita en Wittgenstein para adelantar la crítica a la razón instrumental y a filosofía de la consciencia así como para sustentar el planteamiento de la razón comunicativa.

12

  Chantal Mouffe, confiere al concepto de Wittgenstein de "seguir la regla" un lugar muy destacado pero concluye, por así decirlo en el abandono del mismo. Este abandono se apoya en un pasaje de James Tully quien cita Wittgenstein: »the multiplicity of uses is too various, tangled, contested and creative to be governed by rules«.  1  Pero es precisamente profundizando en las implicaciones y suposiciones que involucra el concepto de "seguir la regla" que se puede considerar la posibilidad de la acción comunicativa susceptible de crítica, como actividad anclada en el mundo. Es cierto que la "multiplicidad" no está gobernada por reglas pero de todas maneras la regla sigue implicando una identificación que se construye de manera intersubjetiva y un comportamiento reconocible. Aporta la "certeza" que debemos tener en el mundo, como lo ha explicado Wittgenstein. "Seguir la regla" nos permite entendernos con Mouffe, o con cualquier otra persona, cuando se habla de democracia, justicia y responsabilidad, incluso entender el desacuerdo que podamos tener.



 La crítica del consenso

Ian Angus:
An Interview with Chantal Mouffe and Enesto Laclau external linkInterview






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  El disentir ha sido presentado por Mouffe, igual que muchos otros autores, como constitutivo de lo político. Ella considera que la pretensión de eliminar el conflicto y privilegiar el consenso es conduce a actitudes totalitarias. Una política democrática debería, en consecuencia, garantizar la existencia del conflicto.

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  Las diferencias de grado y calidad entre disenso y conflicto deben ser, a mi juicio, tomadas en cuenta con más cuidado. El disenso puede permanecer como una opinión diferente que no pretende adquirir, por lo menos de manera inmediata, dimensiones públicas ni tampoco un carácter orientador o normativo. En cambio, en el conflicto encontramos que un disenso ya ha adquirido cierta fuerza en tanto es la articulación de una serie de opiniones y/o actitudes y/o intereses similares, convergentes o complementarios. El conflicto implica la constitución de un "nosotros" que pretende tener más influencia que la posición contraria. En el conflicto político se anuncia una lucha de poder con repercusiones dentro de un determinado grupo, que puede ser una nación. No toda lucha de poder, valga la aclaración, es una lucha por conquistar el poder del Estado.

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  La completa eliminación del conflicto, mediante la intervención de la razón y más concretamente mediante la utilización de verdades universales, ha sido una utopía con efectos totalitarios. Dicho de otra manera las pretensiones totalitarias recurren a tales justificaciones. ¿Pero significa esto que frente a conflictos concretos no haya que buscar una solución? La imposibilidad de eliminar el conflicto en la sociedad no significa que no haya que intentar la eliminación, en el sentido de superación, de solución, de conflictos concretos.

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  Un conflicto puede adquirir rasgos violentos y conducir a la derrota (incluso eliminación) de una de las partes. Esta eventualidad depende no sólo del contenido mismo de la confrontación sino en gran parte de los métodos con que se dirime ese conflicto. El marco o las reglas de la confrontación pueden ser objeto de un consenso lo que todavía no significa que se ha alcanzado un consenso en cuanto a lo substancial del enfrentamiento. Por eso es posible que, aun con las mismas reglas de juego, la confrontación llegue a ser muy aguda. La existencia del derecho, independiente de sus modificaciones, significa que esas reglas no hay que inventarlas o convenirlas cada vez. Pero al mismo tiempo implica, en la época actual, que en un conflicto, el solo triunfo por la fuerza de una de las partes no es suficiente para crear legitimación ni para crear un nuevo consenso. Buscar un acuerdo mínimo sobre los procedimientos legítimos para los enfrentamientos no es pues menos importante en la constitución de lo político.



 Consenso y conflicto: ┐punto de llegada o de partida?

 

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  Pero sólo a un cierto nivel de abstracción, por ejemplo, para su análisis, se pueden considerar conflicto y consenso como absolutamente separados. En realidad los actores sociales participan tanto en relaciones conflictivas como en otras en las cuales prima el consenso. La posibilidad de impedir una guerra, de ponerle ciertos limites (derecho de guerra, derecho internacional humanitario, etc.) o de encontrar una solución política a un conflicto armado, tiene como supuesto la movilización de algunos o muchos de "esos otros" consensos declarados o tácitos. La coincidencia sobre temas y aspectos que, real o aparentemente, están por fuera del núcleo del conflicto puede ejercer una influencia en el proceso de enfrentamiento. Una mirada a la mediación de conflictos puede comprobar esto.

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  La interrelación entre conflicto y consenso significa no solo la existencia de una secuencia sino el hecho de que uno de ellos puede ser el punto de partida o de llegada. Por otra parte significa que conflictos y consensos se interpenetran, se desplazan (sustituyen), se constituyen o reconstituyen. Chantal Mouffe no se refiere a conflictos armados sino fundamentalmente a los conflictos ligados al pluralismo político y cultural. Más exactamente, ella habla de conflictos dentro del marco democrático. Por eso es que puede hablar de la necesidad de reemplazar el antagonismo (entre enemigos) por el agonismo (entre adversarios). Enemigo sólo seria aquel agente social que se colocara por fuera de las reglas democráticas, en otro caso es adversario. Un componente muy importante –aunque no único– del conflicto no violento corresponde a las acciones ilocusionarias, es decir, a la controversia pública que pretende convencer, con argumentos, al adversario pero más que todo a ese potencial gran "tercero" que es la opinión publica.



 Perspectivas diferentes pero convergentes

»Una teoría de la sociedad que no excluya a priori esa posiblidad de desaprender, tiene que comportarse críticamente también contra la precomprensión que recibe de su propio entorno social, es decir, tiene que permanecer abierta a la autocrítica.«

Jürgen Habermas
(Teoría de la acción comunicativa. T.2. Madrid 1987, 568)

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  La ética del discurso según el enfoque de Habermas, sólo tiene sentido con referencia a posiciones encontradas. Habermas parte de la existencia del conflicto (en realidad de los conflictos) y señala la posibilidad de utilizar los recursos ideológicos democráticos para resolverlo(s). Pero se resuelven conflictos concretos. Nunca ser elimina la posibilidad del conflicto en general. Las acciones ilocucionarias, sobre las cuales Habermas concentra su atención, suponen contradicción. En Chantal Mouffe, por su parte, es de cardinal importancia la existencia de recursos democráticos de la modernidad que permiten que el conflicto se convierta en algo productivo como expresión de pluralismo.

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  Hasta aquí se podría decir, entonces, que la divergencia entre Mouffe y Habermas radica en que se examina el fenómeno de lo político desde perspectivas diferentes. Ambas perspectivas serían válidas y presentarían distintas facetas de un mismo proceso. Pero esta convergencia de perspectivas sólo es posible si se concede prioridad a los actores sociales frente al consenso o el conflicto. Si ellos rompen un consenso y entran en un conflicto no es porque el conflicto tenga un valor tal en sí mismo que valga la pena "preservarlo". En realidad quienes intervienen en un conflicto quieren ganar algo superándolo.



 Lo universal en la actividad de argumentar

Miguel Gamboa
es Lector sobre Cultura Latinoamericana en la Universidad de Graz, Austria.


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  El uso de categorías universales en una controversia que involucra una dimensión de poder político puede entenderse a la luz de las necesidades de los contrincantes. Cada parte intenta demostrar la validez de su punto de partida y de su aspiración. Esto no solo sucede en el caso de una acción ilocusionaria dentro de un mismo ámbito cultural. En el terreno de la interculturalidad el filósofo vienés Franz Wimmer ha hablado de la aspiración a universalidad que se encuentra en cada cultura y no solo en la cultura occidental. Pero, volviendo a los actores enfrentados, hay que decir que, a diferencia de una discusión estrictamente intelectual, a ninguno de aquellos le basta la confirmación de su argumentación sino ante todo la consecución de los fines propuestos o al menos de un resultado aceptable.

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  Pero hay otro motivo para relativizar la confrontación dentro de lo político. En realidad, en la confrontación argumentativa ligada a la acción política, no se pone en cuestión toda la visión del mundo de cada contrincante sino sólo una parte de esa visión. Las consecuencias pueden ser muy amplias sin embargo. Recordemos que las dos grandes guerras del siglo XX no se debieron a grandes confrontaciones de categoría universales excluyentes, aunque posteriormente se puedan explicar así. Estas guerras se dieron a pesar de que los contrincantes principales compartían en gran parte la misma visión del mundo propia de la modernidad.

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  La garantía del pluralismo estaría no tanto ligada a una posición privilegiada del conflicto sino más bien a la posibilidad de los actores sociales de participar o no en un conflicto o en un consenso y explicar las razones para lo uno o lo otro. Y participar o no participar compartiendo completamente o solo parcialmente los motivos con otros. Cualquier decisión implica asumir ineludiblemente una responsabilidad que involucra una dimensión personal como lo recuerda Mouffe. Pero ¿qué es la responsabilidad?

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  "Responsabilidad" supone tener una idea de sociedad y una idea del "otro". Mis acciones pueden ser numerosos y variadas pero tienen una limitación: no puedo hace lo que yo quiera con la sociedad o con otros (y ya se ha visto que con la naturaleza tampoco). Eso es ciudadanía. Hay un campo de derechos que están al otro lado de los míos y que no debo atropellar. En principio esto vale para todos los actores y por esta vía "negativa" se puede hablar de una ciudadanía igual. Y aquí podemos conservar el concepto de ciudadanía sin asimilarlo a homogeneidad y ausencia de conflicto. Por ejemplo, una fuente de conflicto se debe a que no hay (ni puede haber) un equilibrio garantizado en la relación entre el concepto de derechos humanos y el de soberanía popular. Podemos decir, por otra parte, que la responsabilidad aparece entonces como la consecuencia extrema y trascendente de una acción ilocusionaria.


Notas


 1   

James Tully (1995): Strange Multiplicity. Constitutionalism in an Age of Diversity. Cambridge – New York: Cambridge University Press, 107; citado por Mouffe en su artículo, par. 27



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